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Naufraga proyecto presidencial de Beatriz

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Radicales Libres | Aníbal M. Silva

La esposa del Presidente Andrés Manuel López Obrador es quien encabeza la secta bolivariana y está construyendo ya un movimiento que buscará encaminarla a la presidencia de la República.
De la mano de incondicionales como Epigmenio Ibarra, Doña Beatriz mueve personajes con bajo nivel político pero con una amplia carga dogmática, acumulando poder con sus tentáculos, mismos que ya contaminaron incluso las oficinas de los delfines del Presidente López Obrador.
La crítica editorial de Jorge Hernández hacia Marx Arriaga, un alfil de Beatriz Gutierrez que despacha como director de Contenidos Educativos en la Secretaría de Educación Pública, motivó que la todo poderosa emperatriz ordenara de manera fulminante su cese como agregado cultural en la Embajada de Madrid.
Arriaga Navarro había sentenciando semanas atrás que «leer por goce es un acto de consumo capitalista». Como respuesta entre líneas, Hernández llamó pendejo a quien hubiera pensado eso. Herido, Arriaga se quejó en Palacio Nacional y la guillotina bajó su hoja.
Marx es uno de los consentidos y tiene una misión importante, reeditar los libros de texto, abandonando los contenidos técnicos y creando versiones dogmáticas para formar nuevos cuadros pro comunistas desde la educación básica.
Con Epigmenio Ibarra operando la propaganda para adultos, se cerraría la pinza.
Sin embargo, Arriaga, con un sueldo de 90 mil pesos al mes, pidió a docentes y diseñadores trabajar gratis en el rediseño de 50 libros.
El proyecto fue un estrepitoso fracaso para los bolivarianos.

La consulta, el desastre.
Sin embargo del lado de Ibarra las cosas tampoco salieron bien.
Iban a usar como plataforma la Consulta Popular. El tema era el enjuiciamiento a ex presidentes, para lo cual Epigmenio Ibarra creó una plataforma propagandista que buscaría interesar a la gente en participar en un juicio sumario al pasado.
La pandemia y el desinterés del tema anunciaron que era una iniciativa muerta. Ni con el apoyo de Morena pudieron juntar las firmas para poder presentar una iniciativa «ciudadana» de consulta popular.
Tuvo que mandar el Presidente López Obrador la iniciativa al Senado para que esta se llevara a cabo. El capricho tuvo un costo al erario de 500 millones de pesos. Paradójico que no quisiera gastar en libros pero sí en consultas.
Si bien participaron casi 7 millones de ciudadanos, el resultado no será vinculante.
No ganó el «sí», ganó el «me vale».
Pretextos puede haber muchos, pero la indiferencia de la población, más preocupada por no morir a balazos o por covid, está plasmada en una baja participación.
Un estrepitoso fracaso de Ibarra, que ha cobrado bastantes caros los favores en Palacio Nacional, a pesar de no dar los resultados deseados.
Ello motivará que se sigan radicalizando las decisiones en la Presidencia de la República, donde Andrés Manuel es un títere de Beatriz.

Jiribilla
El proyecto bolivariano recibe paletadas de tierra, pero aún respiran y los delfines tienen todavía encima el asunto de la Línea 12.

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