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Obradorismo: una religión basada en odio

El sectarismo de los fanáticos de López Obrador ya rebasó el plano político y entró en los peligrosos terrenos del fundamentalismo religioso.

Radicales Libres || Anibal M. Silva

No hay situación que haga que los obradoristas, constituídos ya en una secta, los haga valorar el bien humano más preciado, la vida.
Su incongruencia doctrinaria hizo que el principal argumento para cancelar Texcoco, #YoPrefieroElLago, se derrumbara tras la puesta en marcha de dos obras emblemáticas: El Tren Maya, que arrasó con 10 mil hectáreas de selva y la Refinería Dos Bocas, que acabó con doce hectáreas de Mangle, bosque que generalmente crece a orilla del mar y que captura 4 veces más dióxido de carbono que un bosque continental.

Cuando el comediante Chumel Torres denominó al hijo menor de López Obrador con el apodo «Chocoflan», la secta iracunda reaccionó esgrimiendo #ConLosNiñosNo. Pocos meses después la horda mensopreció a los niños con cáncer que luchaban ante el desabasto de medicamentos, con desenlace fatal.
La secta llamaba «Los Muertos de Calderón» a las víctimas de homicidios durante el sexenio 2006 a 2012. Pero hoy se niegan a reconocer a «Los Muertos de Andrés Manuel» quien va a terminar el sexenio con una cifra récord de muertos.
Acusan a Calderón de servir al narco, sin pruebas fehacientes, pero excusan la liberación de Ovidio Guzmán, ordenada por López Obrador y reconocida por el mismo.
Para los fanáticos el ignorar a una «anciana golpista» no es malo, como tampoco lo es bajarse de la camioneta para dar razón de un trámite a la madre del Chapo Guzmán, a quien le pidió disculpas y lo llama «Señor». La pleitesía al delincuente es excusable.

Son esos fanáticos que llegan al extremo ridículo de poner la cara del Presidente en el cuerpo de personajes como Superman o Son Gokú cuando es evidente que el señor es descuidado con su salud y su físico.

Además de la distorsión de la realidad de la secta, queda patente que en su mayoría encuentra apego al resentimiento, a la violencia y a la ilegalidad.
Sus motivaciones son siempre basadas en sentimientos negativos, como la envidia escondida en el precepto de «privilegio».

Envidia a la piel blanca, para ellos nacer así es un privilegio

Envidia a estudiar, quien termina una carrera es un creído.

Envidia a la movilidad social, si eres prieto, estudiaste una licenciatura y ahora vives mejor, seguramente eres corrupto o ratero.

Envidia al que tiene un buen trabajo

Envidia al que tiene dinero para pagar colegios para sus hijos.

Envidia al que puede pagar atención médica privada.

Pero el privilegio sólo aplica para quien no es obradorista.
El círculo cercano al presidente no sólo es privilegiado sino también corrupto, pero los defienden como si fueran de su familia.

Y ni siquiera a los de su familia.

Fanáticos han perdido familiares por desabasto o por la pandemia y ni así reaccionan.
El culto al ser supremo es lo que importa.

La popularidad del presidente es por su sectarismo.
Las mañaneras son un ejercicio de enajenamiento masivo.

México está secuestrado por una secta fundamentalista, no es un movimiento político ni ideológico.

Es tiempo de darse cuenta y tomar cartas en el asunto.

Jiribilla

Sé que faltan muchos ejemplos. ¿Cuáles recuerdan?

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