Humareda en Camargo

Cd. Victoria.- Un puñado de temas escabrosos concurre en el episodio de horror registrado este fin de semana en los límites de Tamaulipas con Nuevo León. La noticia se coloco inmediatamente en la prensa norteamericana y europea, con sobradas razones.
Reporte oficial, 19 cuerpos calcinados de presuntos migrantes centroamericanos en dos vehículos que la fiscalía estatal constató en el poblado Santa Anita, de Camargo, frontera chica, casi en los límites con las municipalidades de General Bravo y Doctor Coss, Nuevo León.
Zona de pateros, por excelencia. La resequedad de las brechas, caminos de terracería; rutas de indocumentados que deliberadamente evaden las carreteras centrales de Tamaulipas y tampoco quieren saber mucho de la vía Monterrey-Laredo.
Van entre el monte y por ahí se yuxtaponen, se empalman, con otros negocios ilegales, florecientes. Narcotráfico de sur a norte; contrabando de norte a sur.
Bandas especializadas en unos casos. En otros de vocación mixta, a todo le entran. Y otras que nomás cobran el peaje. El celo territorial, presente en toda la historia humana, característica que nos viene de las especies animales.
Nos dice la Fiscalía General de Justicia en su comunicado FGJE-013-2021, que el sábado 23 de enero hizo el hallazgo, atendiendo un reporte de los lugareños alertados por el incendio.
Destaca entre sus pesquisas el no haber encontrado casquillos en las inmediaciones, señal de que las ejecuciones ocurrieron en otro sitio.
Extraoficialmente se piensa que los 19 centroamericanos fueron privados de sus vidas en territorio de Nuevo León y trasladados al paraje de Santa Anita, Camargo, donde les prendieron fuego.
Dos murieron en la cabina de un vehículo, dos en los espacios laterales, junto a las puertas de piloto y copiloto respectivamente. Más quince en la caja de la pick-up.
Ya ni tiene caso especular si es asunto de delincuencia organizada. Desorganizados jamás lo habrían logrado, eso lo puede usted creer. Son bandas locales que a su vez resultan subsidiarias de organizaciones mayores, con carácter binacional.
Más sorprendente aún es el perfil de las víctimas. Gente pacífica que viene huyendo de la pobreza extrema al sur del río Suchiate, Guatemala, El Salvador, Honduras y a veces más allá.

MOTIVOS Y SINRAZONES
Importa el dato previo porque nos lleva a la pregunta de rigor: ¿cuál fue la ganancia?, eso que en la vieja filosofía tomista se conoce como “causa eficiente”, ¿para cubrir o satisfacer qué necesidad?
De aquí la especulación en torno a segundas y terceras intenciones. Como por ejemplo, el dejar una marca en el territorio para posteriores empresas que pretendan cruzarlo sin permiso.
Una interpretación peor es la que ubica el desplante como simple y llana provocación. Calentar la plaza en dicha microrregión conectada y equidistante a las cabeceras de Reynosa, Díaz Ordaz y Camargo.
Además de las citadas municipalidades neoleonesas de General Bravo y Doctor Coss. Al sur está China, al norponiente Los Aldamas, General Treviño, Agualeguas, Parás, vecindario paralelo con las demarcaciones tamaulipecas de Miguel Alemán, Mier, Guerrero.
Límites prácticamente inexistentes, amén de invisibles, para las bandas del narcotráfico que operan a escala hemisférica.
Pero un suceso sangriento de dicha catadura es noticia incómoda cuyos ecos se potencializan con el nutriente de las campañas.
Para las autoridades de Tamaulipas, tratándose de un año electoral (2021) que además precede a otro doblemente grillo (2022), no queda más que atorarle. Y con todo.
¿O van a permitir que vengan réplicas y contrarréplicas de los intereses afectados para que la nota roja se multiplique y brinque a la sección política de los medios y luego a la editorial, con obvia connotación electorera?
Del sur vendrá el reclamo, vía cancillería, una vez que sean identificadas las víctimas, como pasó (dos veces) en San Fernando.
El evento, de hecho, nos hace recordar al Tamaulipas hiperviolento del 2010 que llenó de sangre inocente las carreteras y enlutó a tantas familias. Aquella ruptura entre grupos delictivos que tendría repercusiones en todo el territorio nacional y más allá.
Por ello, por aprecio a la pacificación gradual pero efectiva de los últimos años, acaso por las consideraciones de orden electoral arriba citadas, es necesario pintar la raya, mediante una respuesta ejemplar.

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