Su alteza serenísima

La megalomania y la falta de sensibilidad de López Obrador lo han colocado ya en una encrucijada que definirá la historia del territorio que hoy ocupa el Estado Mexicano.

El mandatario con terribles resultados en Economía, en Energía, en Seguridad y en Salud, insiste en que la frase «vamos bien» aunque no ofrece cifras duras que sustenten sus afirmaciones.

López Obrador afirma que combate la corrupción y olvídense de los señalamientos de sus colaboradores y familiares. Ahí en Palacio Nacional, Alejandro Esquer, cercanísimo al Presidente es señalado por Jaime Cárdenas como el encargado de robarse lo recuperado por el mal llamado Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado.

El que anteriormente era el Servicio de Enajenación de Bienes del SAT se convirtió en la moderna cueva de los ladrones. El presidente en lugar de perseguir al ladrón sacó al soplón para lincharlo en su mañanera.

Y es que López Obrador ha aceptado jamás un error. Ni en su política energética, ni en la pandemia. Vamos, es un personaje tan siniestro que prefirió dejar de comprar a Pisa aunque los niños murieran de cáncer.

Las afrentas no son sólo a su oposición, también a sus seguidores. La mayoría opta por la sumisión, como el perro al que le pateas el hocico y te sigue moviendo la cola, otros, los menos, decidieron conservar su integridad y abandonaron un barco que inexorablemente se hunde.

Pero no nos confundamos, quien se hunde es el Gobierno, no México.

El problema es que la polarización inyectada por los medios ya ha radicalizado algunas regiones, agrupadas en la ya formal Alianza Federalista.

La disputa por los recursos, donde López Obrador se lleva la mayor parte para sus obras y sus programas, ha escalado y está a punto de quiebre.

Una encuesta online llevada por Cambio.press arrojó que el 97% de los votantes eligió que su estado debe separarse de la Federación.

Si bien es exagerada la proporción la tendencia es clara, sí hay una posibilidad de que se balcanice el territorio mexicano tras la creciente polarización.

Al inicio de la actual gestión hablé de las similitudes entre Lopez Obrador y su modelo, José López Portillo. Sin embargo actitud mesiánica del presidente, que pretende ubicarse a la par de Juárez lo ha puesto a la par de otro López, Antonio López de Santa Anna.

Ello exacerba la división regional que conforma a las Entidades Federativas. Los ciudadanos de los estados más productivos argumentan que ya no pueden con una carga tan pesada; en contraparte, los ciudadanos de estados más pobres, ahora envalentonados al sentirse representados por AMLO, exigen de manera agresiva su tajada del pastel.

Estamos en un punto de inflexión. ¿La Alianza Federalista se tornará una alianza separatista? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que la rivalidad histórica del norte y el sur nos podría dejar una división profunda tras la polarización sembrada por López Obrador, el hombre iluminado que se siente infalible, tal como lo fue López de Santa Anna, Su Alteza Serenísima.

Jiribilla.

Cuando ocurrió la crisis de los Balcanes a inicios de 1990, la antigua Yugoslavia se separó generando varios países distintos, Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Serbia y Montenegro.

Era una Federación de Estados. Esa, puede ser la única salida viable en caso de que escale una crisis sin precedentes en un país dividido como México.